31.7.08

Las lágrimas de Schiaretti

(de Alicia Ester)
29 de Julio, 2008

Escribe Hugo Perez Navarro

Situado entre el cookismo y el PRT-ERP el Peronismo de Base (PB) era una estructura de militantes ejemplares que, desde el peronismo, siempre mantuvo una posición de dura crítica hacia la figura y las últimas acciones de Perón, los militantes de la JP, su conducción, la Organización Montoneros y, en fin, el llamado movimientismo.

Orgánicamente ligado a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) el PB siempre hizo gala de militantes formados y dotados de una tremenda capacidad de análisis. Cacho el Kadre y Carlitos Caride son dos de sus nombres más respetados, admirados por quienes los conocieron y hoy casi legendarios entre la militancia más empapada de historia de las luchas populares.

Diverso fue el destino de sus cuadros y militantes. Algunos como Caride, se integraron a Montoneros; otros, como Berta Perassi, desaparecida por la dictadura, recalaron en el ERP.

Otros, como, Juan Schiaretti, tras una difícil militancia comprometida con la alternativa indenpendiente de la clase obrera, terminaron en el menemismo.

El actual gobernador de Córdoba, técnicamente muy formado en materia económica y con gran experiencia en la administración del Estado, fue secretario de programación y coordinación económica de la Nación, virtual número dos de Domingo Felipe
Cavallo, ex-presidente del Banco Central cuando Roberto Viola –auténtico ideólogo político de Videla y padre del pacto de sangre de la última dictadura- hizo de presidente de la Argentina.

Desde ese lugar, Schiaretti planificó y ejecutó la destrucción sistemática de la economía argentina, convirtiendo a nuestro país en la joya más preciada del reino del capital financiero internacional. Con lo que se completó lo que había quedado inconcluso al término de la última dictadura.

El día de la sentencia al asesino Luciano Menéndez, Schiaretti se hizo presente en la sala del juicio, lo cual pudo ser interpretado como un acto de marketing político, destinado a compensar las descompensaciones que viene sufriendo su gestión, tratando de parecerse al gobierno que lo apoyó para llegar a la gobernación cordobense y al que luego traicionó, antes que Cobos Iscariote.

Lo cierto es que cuando se conoció la sentencia condenatoria, Schiaretti lloró.
Sus lágrimas, raras en un hombre con fama y aspecto de duro –que lo diga si no, el grueso de la industria argentina- fueron objeto de admiración de la prensa boba por conveniencia y amnésica por ideología.

¿Por qué lloró el Schiaretti?

No habrá sido por la industria y en general por la economía argentina que él, con mano sabia, contribuyó a destruir.

Ni por los jubilados cuyos haberes va a recortar, en una exacción incomparablemente más ruinosa que la medida con la que el gobierno nacional pensaba gravar a los sectores más concentrados del negocio sojero, que acaparó el apoyo del ex
pebetiano-cavallista.

No: es muy posible que el gobernador haya llorado con absoluta sinceridad, porque él fue un militante sesentista y setentista, seriamente comprometido, con amigos y compañeros que hoy ya no están, algunos de ellos por la mano macabra del miserable asesino hoy condenado.

Lo que es seguro es que esa vieja pertenencia y aquel compromiso implican una responsabilidad para toda la vida. Especialmente para con los compañeros y amigos que hoy no están.

Es muy posible, entonces, que las lágrimas hayan sido totalmente sinceras.
Seguramente el gobernador de Córdoba, el ex ladero de Cavallo, haya llorado por el Juan, aquel joven y esforzado militante del PB, que, aunque camine y respire, hoy ya no existe.

No hay comentarios.: